Os pido por favor que si no os importa hagáis clic en la publicidad que acompaña a mis escritos, no os cuesta nada y es una ayuda para mí. Gracias
La Conquista del Paraíso
Capítulo III
Día 2
MARISOL
El sonido del acordeón de un vallenato sonó en mi mente, incitaba a bailar pero estaba demasiado dormida como para bailar en sueños. El ritmo fue aumentando al punto de no querer seguir soñando, abrí los ojos, no era un sueño era el sonido de mi celular. Comprobé la hora, eran las 6:15 de la mañana, instintivamente contesté aún medio dormida
Era un hombre quien al otro lado de la línea no paraba de decirme cosas bonitas, hablaba de mis manos, de mi boca, de mis cejas y ojos. Que tenía los pies más bonitos del mundo, que le gustaba mi cuerpecito de palmito, mi risa, mi voz, que se iba a enamorar de mí.
No lograba reconocer su voz, tan dulce, tan sensual y acogedora. Me encantó besarte anoche, es lo más bonito que me ha ocurrido en la vida –dijo la cálida voz- entonces lo reconocí era Pablo.
- Pero ¿qué haces levantado a estas horas?
- Perdona Marisol si te he despertado pero no podía aguantarme más las ganas de hablar contigo, no he podido pegar ojo en toda la noche pensando en ti, de lo especial que fue besarte, de lo que me hiciste sentir.
- Muchas gracias Pablo, para mí también fue muy bonito
- ¿Te arrepientes de haberlo hecho?
- Por Dios Pablo, para nada, además surgió sin planearlo, tal y como han de suceder las cosas buenas.
- ¿Sabes Marisol?
- Aja
- Me gustaría ser ese agujero negro que sin remisión e inexorablemente atrapara Galaxia de tu ser. Ese agujero negro del que todos piensan en su oscuridad pero realmente está lleno de luz, esa luz que atrapa y no deja escapar, esa luz ahora fría que necesita del calor de cada una de las estrellas de la Galaxia de tu ser para así ser lo que deseo. Ese agujero negro que espera, una vez inmerso tu ser inmerso en mí, explotar y expandir mi deseo como si cálida y cegadora luz fuera, durante tantos millones de años atrapada, por la anatomía de cada poro de tu piel.
- Es muy bonito lo que dices, muchas Gracias Pablo –contesté aún atónita por todo lo bello que encerraban las palabras de Pablo, pero que no lograba entender su pertinencia- Ya Pablo, muchas gracias por llamarme, espero que tengas buen día juicioso.
- Gracias a ti por permitirme escuchar tu linda voz de nuevo, hasta luego Palmito, que tengas un precioso día.
Era muy temprano todavía para levantarme, aún podía dormir más de una hora, pero ya no me era posible conciliar el sueño. Me había sorprendido la llamada de Pablo, el tono afectivo de su voz, las palabras, que a pesar de ser muy bonitas, me habían parecido excesivas y fuera de lugar.
Recordé lo sucedido apenas cinco horas antes, Pablo me había acompañado hasta el apartamento, llegados a la puerta del edificio noté cómo él me miraba embobado, los ojos acuosos, su respiración agitada, pasión en las pupilas, los labios entreabiertos expresaban inequívocamente el deseo de besarme.
Aún no sé porqué lo hice, pero el caso es que fui yo quien lo besó. Tal vez haya sido una especie de agradecimiento, me sentí un poco obligada a hacerlo. Es siempre tan atento conmigo, siempre dispuesto a agradarme, siempre mirándome con esa expresión de admiración; devoción sería el mejor término para definir la forma de la que Pablo siempre me observaba. Algún día tendré que vencer esa costumbre mía de hacer las cosas más porque creo que debo que por de verdad desearlas. Pero creo que eso demuestra que soy una buena persona, no creo que mi actitud pueda hacer daño a nadie. Además soy así, jovial, alegre, espontánea, agradecida.
Eran ya las siete y media y decidí que lo mejor era bañarme y así tener un tiempico para desayunar relajadamente. Bajo el chorro de agua caliente empecé a frotar mi cuerpo. Soy flaca pero estoy muy bien proporcionada –pensé- mis senos a pesar de mis 38 años y dos hijos se mantienen erguidos y consistentes, tal vez por ser pequeños, tengo las piernas muy delgaditas, todo es pequeño en mí, como siempre dice mi madre: poquita cosa pero muy bonita de ver. Recordé que Pablo me había llamado Palmito, ¿por qué sería? Se lo preguntaré. Al enjabonarme el cuerpo por un momento pasó por mi cabeza, o tal vez por mi piel, el recuerdo de Víctor, era algo muy especial ducharse con él, masajear su cuerpo mientras él de espaldas a mí y apoyado con sus dos manos en la pared, tan confiada y relajadamente se entregaba a mis caricias. De pronto me reí, es el único hombre que he conocido que no le gustaba que me metiera su pene en la boca, bueno a mí tampoco es que me guste demasiado, pero… -tengo que dejar de actuar así- lo hice porque creía que él lo merecía.
Salí de la ducha, me enrollé una toalla al cuerpo y salí al salón, Ángela ya estaba vestida y había preparado el desayuno, era muy responsable mi hija para tener tan sólo 17 años, nunca había necesitad de despertarla, acababa de entrar en la Universidad para estudiar Derecho. Como a diario tuve que entrar en la habitación de David, él seguía durmiendo a sus anchas, era un chico muy serio para sus 14 años, muy responsable al igual que su hermana, pero levantarlo de la cama era un suplicio – espero que cambie con los años- pensé
Abrí mi armario y como siempre me dije que tendría que dejar de comprarme tanta ropa, pero al fin y al cabo era el único capricho que me daba. No sabía qué ponerme aunque no me costaba mucho decidirme, opté por el jean de Girbaud que me había regalado Víctor, un top naranja y una camiseta larga de Diesel color violeta y mis tenis a juego con la camiseta, violetas también. Me vi bonita al mirarme al espejo, poquita cola pero bien puesta. Me esperaba un día pesado de trabajo, pero estaba animada, la llamada de Pablo había potenciado mi ego y me sentía de maravilla.
Lunes 23 de enero, gracias a Dios no vivía en Bogotá y aquí no había pico y placa, dejé a David en el bar de mi madre, no quería que se quedara todo el día sólo en casa, Ángela se venía conmigo a la oficina, estaba haciendo prácticas en la empresa en que yo trabajaba. Era un poco pesado ir todos los días a visitar y ayudar a mi madre y mi hermano, sobre todo por vivir a unos kilómetros, pero me sentía más libre e independiente teniendo el apartamento en la misma ciudad donde trabajaba, aunque tuviera 20 minutos de trayecto hasta el bar de mi madre, trayecto que por lo menos hacía dos veces al día ida y vuelta.
Llevaba ya cuatro años trabajando para esa empresa, empecé la carrera universitaria con 26 años, teniendo ya a Ángela y David y viviendo con Enrique. La terminé a los 31 años, primero trabajé en Bogotá, era la mejor ciudad para encontrar trabajo sobre todo recién terminada la carrera, y aunque fue un gran sacrificio para mí, ya que todos los fines de semana –sábado por la tarde y domingo- me desplazaba a Suaica, también mi esfuerzo fue premiado al encontrar enseguida una empresa que me contratara. Estuve en tres empresas realizando trabajos por debajo de mi cualificación académica hasta que me ofrecieron trabajo en la actual, una cooperativa agraria en la que ejerzo la función de jefe de contaduría, lo que además de estar más acorde con mi carrera, me permite estar al lado de mi familia.
También he de reconocer que mis estudios universitarios y mi trabajo en Bogotá lejos de Suaica, acabó con la relación de pareja que tenía con Enrique. Me enamoré de un compañero de la Universidad y una vez acabados los estudios seguimos manteniendo la relación, era muy fácil hacerlo, yo vivía en la capital lejos de los míos, todo era trabajar y trabajar, en principio no quería continuar la relación con Horacio, pero cedí a sus propuestas y compartimos apartamento y vida de entresemana. Recuerdo lo enamorada que estuve de él, lo que lo deseé y el daño que me hizo. Aún de vez en cuando me llama para decirme que sigue enamorado de mí y que no ama a su esposa, a veces le cojo el teléfono y otras no, me cansa su actitud llorona y suplicante, además… ¿acaso no recuerda que me puso los cachos todo lo que se le antojó?
Yo quería mucho a Enrique, lo amaba, pero él no me hacía ni caso, siempre me dejaba sola y se iba con los amigos, tal vez lo aburría. La primera vez que vi a Horacio sentí hasta repugnancia por él, dado lo presuntuoso y engreído que era, pero dicen que no hay nada más cerca del amor que el odio, y como una tonta pasé a ser una más de las tantas mujeres que iban detrás de él. No si al final va a ser verdad lo que en cierta ocasión me dijo Víctor, que me gustaba que me trataran como a una mierda.
Bajé del auto para dejar a David y de paso tomarme un tintico con mi madre y mi hermano que lo vi muy animado hablando con el español de la moto que tan descaradamente me había mirado el día anterior. Tenía una edad incierta, alto, bien proporcionado, no se podía decir que fuera guapo, tal vez sí atractivo, pero el adjetivo que más le cuadraba era el de interesante. Tenía el pelo gris pero no del todo, como con mechas, daba la sensación de que lo llevaba tintado. Los ojos marrones y la mirada entre inocente y pícara. Me fijé en sus manos que tanto usaba para expresarse, eran bonitas no demasiado fuertes, más bien pequeñas para ser hombre, pero muy bien proporcionadas. Su voz era agradable y, a pesar de ser español no era grosero hablando, exceptuando, cómo no, los continuos “joder” que cada dos por tres soltaba en cada frase.
Me pregunté qué haría allí, en un pueblo tan perdido de la mano de Dios, qué buscaría, a qué se dedicaría, ¿estaría casado o soltero? La conversación con mi hermano era sobre fútbol –estos hombres sólo saben hablar de eso y de mujeres- Manuel encantado de que le contaran cosas de su Barça aunque, como le oí decir, el español era del R. Madrid.
Carlos, ese era por lo visto su nombre o por lo menos por el que le llamó mi hermano, se quedó mirándome como el día anterior, fijamente a los ojos después de repasarme de arriba abajo, no era una mirada de esas que te desnudan, por lo menos despojándote de la ropa, pero sí de esas que te miran dentro del alma, como queriendo descubrir todo lo que hay en ti. Me hizo sentir incómoda, desvié mi mirada y centrándola en el tintico le pregunté qué tal había descansado. Él seguía mirándome intensamente, confiado en que yo volvería a mirarle a los ojos. No iba de prepotente pero se le veía mucha seguridad en sí mismo. Preferí volver a mirarlo a los ojos, me incomodaba menos, por lo menos estaríamos en igualdad de condiciones. Cuando volví mi mirada hacia él, una leve sonrisa de triunfo se dibujó en sus labios. ¡Será imbécil y creído el español de mierda! La culpa la tengo yo por mirarle.
Acabé de tomarme el tintico, le di un beso a David y me despedí de todos con un movimiento de mano. Hasta luego Marisol, me alegro de volver a verte, me dijo a modo de despedida el español. ¿Cómo habrá sabido mi nombre? Imagino que mi hermano o mi madre se lo habrán dicho, pero… eso significaría que había preguntado por mí.
Sentí cierto remordimiento, estaba pensando en el español y para nada, desde que me levanté, había vuelto a pensar en Pablo, me sentí mal conmigo misma, al fin y al cabo era yo quien lo había besado y él me había brindado esas bonitas palabras al amanecer. No tendría que haberlo besado, creo que ha sido un error. Pero es tan bonito conmigo, me mira de esa manera. La verdad es que no recordaba con demasiada pasión el beso. Sí había sido un bonito beso, muy dulce por su parte, pero la verdad es que no me hizo sentir mariposas en el estómago.
Llevaba ya más de dos meses sin saber lo que era el beso de un hombre, necesitaba sentirme de nuevo deseada, pero no amada ni querida, no quería tanta responsabilidad, quería divertirme, amigas, rumba, risas. Disfrutaba de mi trabajo, de la compañía de mis amigas, también de la de Pablo cuando a diario nos esperaba en el bar de mi madre y se sentaba con nosotras invitándonos a un trago, me caía muy bien, pero no era ni mucho menos amor, ni siquiera atracción, lo que sentía por él, simplemente me era agradable, nada más. No tendría que haberlo besado. No sabía cómo iba a reaccionar cuando por la tarde lo viera de nuevo en el bar, pero la verdad es que esos momentos para nada me apetecía volver a verlo, por lo menos tan pronto. Seguro que nuestra relación cambiaría a peor, ya no me iba a sentir tan libre con él como me había sentido siempre. Ya veremos, ahora a trabajar que es de lo que vivo y la universidad de Ángela es cara.
Nada más llegar a la oficina, como de costumbre, lo primero que hice fue prepararme un tintico, me senté en mi despacho con él en la mano y mentalmente empecé a planificar mi día de trabajo. El 31 tenía que presentar todos los datos de facturación y para colmo el programa informático, como siempre, estaba dando fallos. Ayer, a pesar de ser domingo, estuve parte de la mañana y casi toda la tarde trabajando, almorcé lo que mi madre me preparó sentada en mi despacho y sin parar de trabajar. No me importaba trabajar de vez en cuando en fin de semana, me sentía bien sola en la empresa, podía estar a mis anchas sin que nadie me interrumpiera. Me gustaba mi trabajo, a veces pensaba sacarme la licencia y montar mi propia empresa de contaduría y asesoría de empresas, pero nunca me había decidido a hacerlo, al fin y al cabo tenía un trabajo seguro, me sentía muy valorada y el sueldo, 2.500.000 de pesos, era muy superior a la media. Mi hija estaba en la universidad y no era el momento de correr riesgos, necesitaba un trabajo seguro que me proporcionara estabilidad financiera. Pero… si no creaba mi propia empresa con 38 años ¿cuándo entonces lo iba a hacer?
¡MARISOL! Olvídate de tu empresa, de Pablo y del español y dedícate a trabajar que te queda mucho para terminar la presentación de la facturación –me dije a mí misma- y haciéndome caso me puse a trabajar, cotejando y cuadrando todas las cuentas. Como me temía el sistema falló y tuve que registrar de nuevo todas las facturas de proveedores del último trimestre del año pasado. Me esperaba un duro día, con un poco de suerte terminaría tarde y agotada y así tendría excusa, aunque fuera ante mí misma, para no quedarme demasiado tiempo en el bar. No me apetecía volver a ver a Pablo, por lo menos en una temporada.
Me preparé otro tintico y mientras lo tomaba entré en la página de contactos donde había conocido a Víctor, de vez en cuando lo hacía. No es que sintiera demasiado por él, fui yo la que rompió la relación, pero… no sé… me daba cierta satisfacción la posibilidad de sentir algo de dolor si lo veía apuntado de nuevo en esa página. Sí, de vez en cuando lo añoraba pero siendo sincera, nunca lo quise.
Seleccioné búsqueda avanzada, país España, provincia Zaragoza, edad entre 50 y 55 años, altura entre 175 y 180, complexión normal, pelo gris, última entrada menos de una semana. Ante mi aparecieron 29 perfiles, los empecé a revisar uno por uno, deteniéndome con más atención en los que no tenían foto, los otros era obvio que no le correspondían a él. Me llamó la atención un nick: Especulador_de _sueños; con toda probabilidad era él. Edad 50 años, -siempre se quitaba- pero no hubo nada más en el perfil que me indicara a ciencia cierta que fuera él, aunque por el nick no me extrañaría lo más mínimo, siempre los usaba muy especiales, yo lo conocí como de hacedor de deseos.
No sabía qué hubiese preferido, si encontrarlo o no. En caso de hallarlo me hubiese producido cierta sensación de celos pero al mismo tiempo también de orgullo el hecho de que aún siguiera buscando. El hecho de que no estuviera en las páginas podía significar que o bien no estaba buscando a nadie, lo cual realimentaba mi vanidad, me hacía sentir insustituible, o bien ya había iniciado una nueva relación tal vez en su país. Aunque a mí misma me dijera que en realidad ya no me importaba no era cierto del todo, un poquito aún se me movía el corazón, lo que no sabría decir era si por una pizca de amor residual, por orgullo, por vanidad, o por qué.
Basta ya de perder el tiempo me dije, apuré el tintico y me puse a trabajar, tenía ganas de terminar, no me apetecía estar ese día demasiado tiempo en la oficina pero sabía que tranquilamente me darían las 7 de la tarde. Aún me quedan 8 horas y creo que podré terminar todo.
Juan Carlos Pintos
Continuará…
Música para este capítulo:
http://www.youtube.com/watch?v=JLopZv_rx2o Lay Back in the Arms of Someone. Smokie
PD. Os pido por favor que si no os importa hagáis clic en la publicidad que acompaña a mis escritos, no os cuesta nada y es una ayuda para mí. Gracias
Sigue interesante la historia....muy interesante...un fuerte abrazo...
ResponderSuprimir