martes, 12 de marzo de 2013

LA UTOPÍA, UN CAMINO


LA UTOPÍA, UN CAMINO

Seamos sensatos pidamos lo imposible” (Una de las consignas del Mayo Francés de 1968)

                Quiero empezar con esta consigna del Mayo Francés que refleja como pocas el camino hacia la utopía, en aquél Mayo se sentaron las bases de la actual socialdemocracia europea y, por supuesto también las de un nuevo sistema educativo en el que el alumno no era solamente un recipiente vacío que llenar de las ciencias de siempre. Es en ese Mayo, cuando los jóvenes universitarios parisinos por primera vez unidos a la masa obrera, abogan por un nuevo marco de relaciones del Estado con su población y, más concretamente en el campo de la educación, por una nueva relación profesor-alumno, en la que éste último pasa a ser un componente activo del sistema.

                Tal vez sea necesario otro Mayo Francés en estos momentos, y quién sabe si pronto lo veremos. En aquél 1968 el poder político estaba muy lejos del ciudadano, y la formación académica muy lejos de la juventud universitaria.  Al igual que ahora, los jóvenes no encontraban su sitio, esa juventud que no había conocido la II Guerra Mundial por lo que  demandaban una nueva sociedad que les permitiera ubicarse en una nueva realidad que no fuera la de sus padres, una realidad que cuando menos les otorgara la posibilidad de vivir sus propios sueños.

                Hoy en día tenemos un problema parecido, la desubicación de nuestros jóvenes qué, no lo olvidemos, son el futuro de nuestro  país, diciéndolo de un modo más pragmático, son los que han de subvencionar nuestra vejez.  Puede que nos hayamos dejado llevar demasiado por las materias académicas y, desde nuestra labor de profesores, hayamos prestado demasiada atención a las mentes y capacidades técnicas, en perjuicio de las personas. Creo que nuestra manera de educar tiene que cambiar totalmente, pero para eso es necesario que lo haga el sistema entero, empezando por unas leyes qué, aunque estén promulgadas, en muchas ocasiones no se persigue su implantación con el celo que se debería. Puede que suene demasiado poético y soñador en nuestra aldea global de hoy en día pero, es necesario siempre un poco de utopía en nuestras vidas ya que los grandes logros de la humanidad han partido de los sueños que algún loco forzó en su imaginación.

                Mal podremos despertar esos sueños e ilusiones en nuestros alumnos si nosotros, los profesores, no creemos en nuestro trabajo. Tenemos que recuperar un  poco la filosofía de los viejos maestros, y no me refiero a los del ágora de la antigua Atenas,  hablo de los profesores de nuestra infancia, cuando menos de la mía, aquellos maestros  de los años 70-80 del siglo pasado que tan lejano nos queda ya. Aquellos hombres y mujeres ejercían su ministerio educacional por pura vocación, se centraban en la formación total del niño y adolescente, no solamente en los logros académicos, también y sobre todo, en su realización como personas inculcándonos valores, principios, ética y moral, labor que por cierto también se veía acompañada en nuestros hogares por parte de nuestros padres, abuelos y resto de la familia.

                Hoy en día la educación de nuestra juventud ha de ser de doble sentido, un ir y venir del “discípulo” al “maestro, permítaseme esta licencia que parece de otros tiempos.  Ya no estamos en la era en que el alumno era un recipiente vacío que tenía que asumir todo lo que le dijéramos los profesores estuviesen o no de acuerdo, sin la menor oportunidad de crítica o cuando menos de discusión y coloquio en clase.  Tenemos que formar a nuestros jóvenes en la base de la inquietud por saber, para lo que nos esforzaremos en hacer amenas las clases.  También por supuesto tenemos que invitarlos a soñar, a que tengan sus propis proyectos por muy descabellados que estos puedan parecer a primera vista.  De todos es sabido que el verdadero conocimiento es el que emana en el transcurso del caminar en pos de nuestros sueños.  Como decía el gran poeta Antonio Machado: Caminante, no hay camino, se hace camino al andar. Al andar se hace el camino, y al volver la vista atrás se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar”.


                Quiero concluir abogando por una educación más orientada a la persona, recuperar el espíritu humanista del renacimiento que tantos logros trajo a la ciencia, las artes y la cultura en general. Atrevámonos a soñar, osemos a ser utópicos, encendamos y alentemos los sueños en nuestros alumnos, ya que no hay mejor manera que esta de conseguir que se ilusionen y luchen por su futuro, un futuro mejor para ellos, el país y la sociedad en general.  Volviendo a citar el lema del Mayo Francés: “Seamos sensatos, pidamos lo imposible”

Juan Carlos Pintos

               
               

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