domingo, 19 de mayo de 2013

COLOMBIA, ¿PARADIGMA DE LA INFIDELIDAD?


COLOMBIA
 ¿PARADIGMA DE LA INFIDELIDAD?

     Antes de conocer Colombia muchas veces me pregunté del porqué de la fama de los colombianos de ser infieles.  En principio pensé que sería un tópico que por generalizado podría ir adquiriendo con el paso de los años visos de realidad; no obstante y bajo esa premisa me puse, por así decirlo, a psicoanalizar “motu proprio” cuál podría ser el motivo de esa supuesta deslealtad por parte de la ciudadanía colombiana.
                En un principio quise atribuirlo al opresivo sistema machista que presumía se viviría en Colombia, (quiero advertir que todo esto lo hice sin previamente conocer el país, se podría decir que era como un ejercicio de estilo, tal vez para matar el tiempo) estimaba que era un buen comienzo y una piedra angular en la que basar mi teoría sobre esa falta de fidelidad.
                Como iba diciendo el hecho de que Colombia tenga una cultura tan machista me hizo pensar que tal vez las mujeres, no solamente consintieran que sus parejas tuvieran amante, sino que también incluso los valoraran más si así era.  Pero caí en algo: si más o menos estamos en el mundo el mismo número de hombres que de mujeres, me refiero en edad de relacionarse sexualmente ya que aunque hay más seres del género femenino que del masculino esto se debe a que por la diferencia de esperanza de vida entre el hombre y la mujer, siempre más longevo el “sexo débil” por lo que hay más viudas que viudos, vamos que hay más mujeres que hombres pero mujeres en edad ya avanzada. Siguiendo con mi argumentación y, en base a la igualdad de personas de cada género, aprecié que para que un hombre se acueste con una mujer es necesario que exista esa mujer que se acueste con ella y, o bien son unas pocas mujeres las que tienen relaciones extra pareja con muchos hombres o, más bien, hay un número aproximado de hombres y de mujeres que practican la infidelidad.
                Una vez conocido el país por haber vivido en él durante más de un año, la verdad es que las conclusiones a las que llegué fueron diríamos que complicadas, al menos de explicar. Lo que primero que comprobé es que efectivamente la infidelidad es algo muy corriente en Colombia, aunque más que hablar de infidelidad tendríamos que hablar de falta de compromiso.  He llegado a pensar que muy probablemente sea por cuestión de la latitud en la que se encuentra el país, en plena zona tropical, sobre todo la ciudad de Cartagena de Indias que por ser en la que más tiempo he vivido es por consiguiente la que más conozco y de la que más puedo opinar.
                Es increíble el gran número de personas, hombres y mujeres, que tienen la infidelidad o falta de compromiso como un hábito, raro es el hombre que al menos no mantiene dos relaciones simultáneas y, como anteriormente he expuesto, a mi parecer ha de haber el mismo número de mujeres. Pero lo que más me llamó la atención es conocer a un  gran número de mujeres jóvenes, bonitas, inteligentes y con carrera universitaria que mantienen una relación “oculta” con hombres casados. He conocido  a una que trabajaba en un banco, con su carrera de empresariales terminada, 28 años y muy atractiva. Otra, gran empresaria ella con unos cuantos establecimientos propios, de gran prestigio y exitosa actividad económica, 33 años y también muy bella.   También una de 25 años linda donde las haya con su buen puesto de trabajo y su carreta de Contaduría Pública a punto de terminar, ésta última con novio y todo. Aparte por supuesto de muchas otras que no llegaban, por así decirlo, a tal punto de aspectos positivos tanto en lo físico como en lo académico, cultura, económico y social.
                Todas ellas mantenían una relación con un hombre casado, que por cierto siempre “respetó” por así decirlo, a su familia, en ningún momento estuvo en sus mentes ni tan siquiera en las de ellas, que él pudiera divorciarse de su esposa para unirse sentimentalmente a su amante. Lo más alarmante de todo es la alta valoración y estima en que tenían a sus queridos. He podido comprobar por correos que me invitaron a leer que ellas les habían enviado a sus amados,  que cualquier frase que les escribieran como contestación a sus extremadamente amorosos mensajes, aunque la respuesta no fuera más que un simple: hola como estás… un beso, ellas se sentían plenas de goce y felicidad y al mismo tiempo que respondían que aunque fuera poco lo que les contestaban eran palabras llenas de sabiduría.  Difícil es equivocarse en algo cuando alguien no habla de nada, pienso yo.
                Al final llegué a la conclusión, tal vez por buscar una salida fácil, que el peor machismo es el que construyen y fomentan las propias mujeres. Con esto me refiero a que por lo que sea todas estas mujeres jóvenes, bellas, inteligentes, preparadas y en cierto modo con cierto éxito profesional lo que buscan es alguien que las proteja o, en el lenguaje más extremamente machista: un macho de verdad.  Dan por supuesto que sí están casados y tienen hijos lo son, y lo más sorprendente es que cuanto más seguros están de que nunca  dejarán a su esposa y menos caso les hacen a sus amantes, más admirados y deseados son por estas.
                Cierto es que en alguno de estos casos ellas recibían ciertas cantidades de dinero por parte de ellos todos los meses, pero nunca lo suficiente para que pudiera considerarse fruto de una relación de prostitución ni mucho menos interesada, en todos los casos eran importes que más que nada sufragaban cualquier pequeño capricho que ellas pudieran tener. Quiero resaltar que en el caso de la empresaria anteriormente citada, este hecho ni se daba ni falta hacia que se diera.
                Quiero pensar que tal vez exista la posibilidad de que ante la infidelidad imperante ciertas mujeres prefieran tener una relación sin compromiso alguno que otra con alguien que de antemano saben que les va a ser infiel. Tal vez eso les haga sentir por un lado mujer y por otro libres, tal vez confundiendo la independencia con la libertad que para nada son lo mismo.
                También creo que somos de culturas y por lo tanto costumbres y principios diferentes, ni mejores ni peores, simplemente distintos. Tal vez sea por mi edad, pero de verdad que me quedo con la fidelidad y los valores tradicionales, por lo menos los que en la vieja Europa hemos sido formados.
                Quiero hacer especial hincapié en que todo lo que escribo es una opinión personal y que por supuesto no pretende en ningún momento generalizar sobre toda la sociedad colombiana ya que al mismo tiempo que he conocido a estas personas también he conocido a muchas otras, la gran mayoría, que sí observan un comportamiento de total fidelidad y compromiso con su pareja. Al mismo quiero pedir por anticipado disculpas a todas aquellas personas que sin pretenderlo haya podido ofender con mi artículo.
               
Juan Carlos Pintos

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