jueves, 24 de octubre de 2013

CARTA ABIERTA A LA VIDA

CARTA ABIERTA A LA VIDA


Comparto y hago mías las palabras de Pablo Neruda:  Confieso que he vivido, pero le añado algo más: Confieso que he de seguir viviendo.
  
                Lo importante en esta vida no es lo que ya has vivido sino lo que te queda por vivir y realmente empiezas a envejecer cuando crees que ya todo lo has pasado, todo lo conoces, todo lo has vivido y nada te queda ya por hacer.  Las ambición de vivir es lo que me da vitalidad, fuerza, ilusión y valor para sobreponerme a todos los tropiezos, caídas, hundimientos y demás desazones que la vida me ha procurado, tanto en el aspecto profesional como en el económico y el sentimental.  Por todo esto ni me considero menos que una persona de 20 años en lo que respecta a sueños e ilusiones, ni tampoco más que ella, ya que mis nuevas vivencias me traerán nuevas experiencias que por su condición de desconocidas, gozaré de la misma experiencia que una persona más joven que yo.
Y sí, digo más joven que yo, porque me considero aún joven para llevar a cabo muchos proyectos y sueños.  Ya sé que mucha gente criticará mi comportamiento, y hasta puede que se rían de mí, pero… siempre he obrado según lo que mi espíritu me ha señalado con el dedo del corazón, de los sentimiento,  y de los sentidos, incluso de ese sexto sentido del que tanto presumo poseer.
Es  curioso, o tal vez no tanto, que esa manera de ser mía, loca, inconsciente según algunos, y sin vivir en el mundo de la realidad según otros, sea lo que enamora de mí pero al mismo tiempo lo que más miedo da.  Puede que por mi forma de ser no sirva para una relación de por vida y sólo valga para unos meses de entretenimiento, no lo sé, pero realmente es así.
He pasado mucho en mi vida, y repito que me seguirá pasando.  He conocido el amor y el desamor, tan intenso en ambos aspectos que me han desgarrado el alma tanto en la dicha como en el sufrimiento.  Sí digo desgarrar porque es así como he amado y sido amado, así como he sufrido el desamor y seguramente como también lo he hecho sufrir.
He vivido en la opulencia, disfrutando de los mejores coches, motos, hoteles, restaurantes, viajes, etc., pero también me ha tocado vivir dos duros inviernos sin calefacción ni agua corriente, teniendo que ir a lavar mi ropa a una fuente pública y refugiándome las frías tardes en algún bar donde por el precio de un café podía pasar toda la tarde caliente.  He disfrutado de las mejores casas, 7 llegué a tener, pero también sé lo que es dormir en un pequeño colchón en el suelo de una habitación alquilada.
He vestido ropa de las mejores marcas, portado los mejores relojes y escrito con las mejores plumas, pero también sé lo que es vestir ropa barata de mercadillo y escribir con bolígrafos de 0,20 euros y llevar relojes de 2 euros.
He disfrutado del amor de mi hija, luchado por él, pero también  he sufrido en carne viva su distanciamiento de mí y su renuncia a llamarme papá, hasta que un día renuncié de sufrir.  He vivido maravillosos momentos con ella, pero también los más tristes de mi vida.
He tenido empresas en varios países del mundo, he ganado mucho dinero, pero también he vivido cómo todo se esfumaba  como humo y me quedaba sin empresas y con una deuda de 3 millones de euros que afortunadamente ya pagué pero me costó 22 años de mi vida.  Mucha gente pensará que los mejores de mi vida, pero están equivocados, los mejores años de mi vida son  los que me restan por vivir.
Tal vez si hubiese sido más cerebral, más sensato, menos apasionado ahora tendría mucho  dinero, coches deportivos, motos, barcos, propiedades, hasta incluso un avión. Sí todo eso es posible pero lo realmente cierto es que si no fuera como soy, impetuoso, loco, decidido y valiente, aunque muchos me tachen de inconsciente,  nunca hubiera realizado lo que he conseguido en todos los ámbitos, profesional, económico y sentimental.
Hace ya algunos años conocí a una chica, recuerdo que era bailarina pero lamentablemente no recuerdo su nombre.  Ella me gustaba y creo que yo a ella también.  Un buen día me dijo que veía que yo era una persona que no tenía los pies en el suelo, le contesté que efectivamente, y gracias a Dios así era, porque si realmente tuviera los pies en el suelo ya haría tiempo que me habría suicidado por todo lo que en la vida me había pasado.  Esta historia ocurrió después de haber perdido todo, incluso el amor de mi hija.
He amado y he sido fiel, porque para mí es lo más importante que existe: la fidelidad y la honradez, pero sobre todo fiel a mí mismo, a mis principios y valores.  Si estoy con una mujer es porque la amo, no porque no tenga otra y si dejo de amarla, se lo digo y se acabó, pero nunca la traiciono.  He sabido lo que es ser traicionado, engañado; he perdonado, luchado y al final perdido, pero eso nunca me ha llevado a pensar y sentir que no vale la pena enamorarse y luchar por alguien, todo lo contrario aún me ha dado más fuerza y convencimiento de que por el amor vale la pena luchar porque es lo que más feliz te hace sentir.
Lo sé, soy apasionado y no pienso dejar de serlo aunque como antes he escrito, sea a la vez lo que de mí enamora y al mismo da miedo. Gracias a esa pasión por vivir he logrado levantarme de todas mis caídas por fuerte que éstas hayan sido.  Esa pasión también es la que me impulsa a vivir sin miedo, a lanzarme en pos de mis sueños, es la que hace que por ejemplo sea capaz de recorrer 900 km por carreteras terribles, bajo una intensa lluvia y con una moto de 180 cc., qué en Europa se reirían de ella.  Me propuse llegar pasara lo que pasara y lo conseguí.  Esa pasión es la que me da fuerza y vitalidad.
Tal vez debería cambiar, sería lo más sensato, aceptar que el mundo no es como quiero ni como creo, pero no, no cambiaré porque como expuse en un escrito, quiero que la muerte me encuentre viviendo, no ya muerto en vida  sin sueños ni ilusiones, es lo menos que el último acto de nuestra vida merece.
Puede que mucha gente tenga razón en el sentido de que el mundo no es como yo lo veo, pero tal vez esa gente no sepa que yo he sido capaz de crear mi propio mundo. Un mundo lleno de pasión y vida en el que no tiene sitio ni el aburrimiento ni la rutina, pero puede que también el sufrimiento, pero eso sí todo vivido con la máxima intensidad, tanto la dicha como el dolor.
Me gustaría que en ese mundo estuvieras tú pero sé que es arriesgado para ti, y al mismo tiempo soy consciente de que no todo el mundo puede ni debe tener mi manera de vivir.
Tal vez existan otros mundos más seguros, más reales, pero nunca serán tan intensos como el mío, porque para mí la verdadera razón de la vida es vivir y ser feliz y la mejor manera de conseguirlo es a través del amor, pero no solamente el amor de pareja, sino también el amor apasionado por todas las cosas que haces.
Como decían en el Mayo Francés del 68: Seamos sensatos pidamos lo imposible, y te garantizo que  yo lo he conseguido y pienso seguir luchando por ello, por 

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